Nací en 1968 en Madrid. Politóloga de formación, lo aprendido en la carrera me queda lejos respecto al conocimiento y amor por lo político macerados en los espacios de confabulación colectiva donde llevo militando sobre todo desde 1996. Primero en centros sociales como la Eskalera Karakola y el Laboratorio, y, a partir de ellos y en adelante, en colectivos de lucha por la libertad de movimiento y los derechos de la población migrante (Ferrocarril Clandestino y Asociación Sin Papeles de Madrid); en espacios de investigación-acción feministas (Precarias a la deriva y Laboratorio de Trabajadoras Todas a Cien); y, en la actualidad, en el movimiento por el derecho a la vivienda y a la ciudad (Lavapiés dónde Vas? y Asamblea de Bloques en Lucha), así como en la apuesta municipalista en su día de Municipalia-Ganemos y hoy de La Bancada. Trabajo remuneradamente como coordinadora de la Fundación de los Comunes.

MOTIVACIÓN

Creo que no podemos pasar del Sin miedo que presidió la Puerta del Sol tras la manifestación del 15M y precedió, como afecto político, su estallido, a una suerte de emoción despotenciadora y muy extendida entre quienes vivimos ese mayo de 2011 como el comienzo de un proceso de profundización democrática. ¿El miedo ha vuelto a pasar a nuestro bando? ¿Nuestra determinación de transformar el modelo de sociedad, de desplazar el imperio de la acumulación por la centralidad de la vida se ha diluido como un azucarillo ante el contraataque neoliberal, ya sea en forma progreguapetona o de terrorífica ultraderecha sin máscara? En 2015 apostamos por una política tejida desde abajo, generadora de espacios de articulación y decisión política que primaran la democracia directa frente a la representativa. Pensamos que este modo de organización podría hacerse capaz de ir sustituyendo un modelo de ciudad que mercantiliza sus recursos (sus calles, plazas, viviendas, pero también su aire y sus formas de vida), por un espacio urbano donde lo importante (la dignidad de la vida, el acceso a derechos básicos de sus habitantes más vulnerables, la gestión común de sus recursos) no fuera marginado, como siempre, frente el imperativo de la acumulación de beneficio. Una apuesta así no es algo que quepa abandonar en tan solo cuatro años, por muy frustrante que haya podido resultar esta legislatura con AM en el gobierno. A un desafío así no se le puede dar la espalda en tan solo cuatro años, por muy desorientadora que sea tantas veces nuestra propia dificultad para construir un movimiento capaz de generar más espacios de contrapoder y de decisión directa. Una apuesta así, si nos tomamos un poco en serio lo que tenemos entre manos, no puede cejar en su intento de transformar Madrid en el abrir y cerrar de ojos de 1460 días.